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La sirvienta, un juego de sumisión

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La sirvienta, un juego de sumisión

La sirvienta, un juego de sumisión

Un juego de sumisión es lo que aquí te traigo, eso sí no es apto para todos los públicos. ¿Has fantaseado alguna vez con ello? Pues aquí tienes una experiencia de lo más interesante. Disfrútala.

He recibido un mensaje que dice así:

“19:00 en mi casa, tráete el delantal, las medias y los tacones”

Así que me estoy arreglando para obedecerle. Hoy jugaré a ser la sumisa. No sé qué tramará esta vez pero me muero de curiosidad. Y como no quiero que me riña debo salir ya de casa.

Ya estoy aquí en su portal. Miro y remiro el timbre. Falta un minuto para las diecinueve horas. Debo de tocarlo a esa hora, ni un minuto antes. Miro el reloj del móvil. Sonrío al recordar las reglas establecidas para ser hoy su sumisa. Ahora sí debo de tocar el timbre. Lo toco e inmediatamente se abre la puerta, me esperaba.

En el ascensor compruebo que me pongo nerviosa por segundos. Las puertas se abren y allí está él. Acaba de ducharse pues lleva el pelo mojado. Me encanta así porque huele a esa colonia que me cautiva. Me acerco y me da un beso en los labios. Un beso de esos suaves con un poquito de lengua que nos ponen tan cachondas.

—Pasa— me dice haciendo un gesto de bienvenida.

Se oye ruido de tele en el salón y unas voces de hombre. ¿Voces de hombre? Me quedo petrificada en mitad del pasillo. Me giro y le miro. Le divierte mi cara de sorpresa.

Mi experiencia como sumisa comienza aquí
—Cámbiate y ponte sólo los tacones, las medias y el delantal. Cuando estés lista ve al salón.

Trago saliva porque es lo único que me atrevo a hacer. Respiro hondo y entro en su cuarto. Saco las cosas de la bolsa y las pongo sobre la cama. Las miro una a una. El delantal negro de raso con encaje en los bordes que solo cubre parte del pecho y la parte baja delantera. Las medias negras con encaje negro. Los tacones negros con el tacón metálico, sus favoritos. Creía que jugaríamos los dos solos. Estoy muy nerviosa por jugar delante de desconocidos. Ya me avisó que algún día lo haría, pero no pensé que sería tan pronto.

Respiro hondo y comienzo a desnudarme. Intento relajarme y disfrutar de la fantasía, al fin y al cabo en cualquier momento puedo rajarme.

Me pongo con cuidado las medias pues sería un auténtico desastre hacerme una carrera ahora mismo. Los tacones y, por último, el mini delantal de doncella. Me miro al espejo y veo mucha piel, demasiada. Me gustaría que cubriera más. Me miro por detrás y solo puedo ver una preciosa lazada pues todo lo demás es carne. Al menos el lazo quedó mono, me digo para consolarme. Y, mientras me miro al espejo, se abre la puerta. Allí aparece él preguntándose porque tardo tanto. Me mira de arriba a abajo y sonríe satisfecho. Lo cual es un gran alivio para mí. Mientras sostiene la puerta me hace un gesto para que deje la comodidad de la habitación y me dirija a lo que me da por llamar “el matadero”.

Sé que estamos probando los roles pero, para ser sincera, me gusta más ser una mandona “Ama” que una obediente “Sumisa” pero aun así le sigo. Ya veo la entrada del salón, respiro hondo e intento meterme en el papel.
Entro con paso firme y decidido y me quedo de pie a un par de metros del sofá. En él, como no, están Javi y Adrián. Quienes no apartan la vista del televisor de sesenta pulgadas en el que están viendo el fútbol. Tengo la sensación de que no saben nada de esto.

—No seáis groseros y saludad a Ana que está tarde estará a nuestra entera disposición

Ambos se giran hacia mí para dedicarme un breve e indiferente saludo que demuestre lo inapropiado de la interrupción pero, para su sorpresa, se encuentran con algo que no se esperaban. De repente el partido del Barça carece de interés. Me revisan de arriba a abajo con una cara de sorpresa y curiosidad. A mi “Amo” le divierte lo que ve.

— ¿No os dije que conseguiría que pasarais del partido? Me debéis 100 euros cada uno

¡Por una apuesta! Todo esto es por una apuesta. Aquí estoy yo desnuda frente a sus amigos por dinero. No sé cómo sentirme. No sé si enfadarme o sentirme halagada.

Apaga la tele sin que ninguno de ellos se haya dado cuenta. Están demasiado desconcertados para ello.

— ¿Queréis beber algo?

Javi y Adrián se miran desconcertados.

—Otra cerveza, por favor— responden al unísono con un tono de voz dubitativo.

—Ana, atiende a nuestros invitados.

Me acerco a ellos para retirarles la cerveza vacía y para hacerlo me tengo que agachar dejando a plena vista todo lo poco que tapaba el delantal. Me devoran con los ojos. A pesar de lo desconcertante de la situación sus instintos primarios reaccionan perfectamente. Recojo las cervezas, me incorporo y respiro hondo antes de darme la vuelta. Al girarme compruebo cómo se divierte observando la escena. Lleva los pantalones abultados. Debe tenerla muy dura ya.

Me dirijo a la cocina donde puedo bajar la guardia durante un momento. Respiro aliviada, ya queda menos. Preparo las cervezas y me dirijo de nuevo al salón.

Ahora está él sentado en el sillón, que ha movido estratégicamente para la ocasión. Los otros dos están sentados en el sofá con la espalda apoyada en él. Ya no se acuerdan del fútbol. Le sirvo a cada uno su cerveza y me quedo a un lado.

— ¿Hay algo que Ana pueda hacer para que os sintáis más cómodos? Os veo muy tensos.

Los dos se miran sorprendidos y excitados. Yo respiro hondo porque ya sé lo que viene a continuación.

—Ana, nuestros invitados están muy tensos, ayúdales a relajarse.

Asiento con la cabeza y cojo uno de los cojines del sofá para estar más cómoda al arrodillarme. Me coloco entre los dos y le desabrocho los pantalones a uno y después al otro. Tienen cara de tontos. Se han quedado con la boca abierta y se dejan hacer. Les saco el pene de los calzoncillos. Ellos se recuestan. Me mojo con saliva las manos y empiezo a masturbarles. Procuro no mirarles a la cara porque me da vergüenza. Ellos cierran los ojos y se dejan llevar. Y yo sigo masturbándoles mientras mi “Amo” disfruta de esta situación. Me resulta desconcertante sentirme excitada y avergonzada al mismo tiempo.

—Creo que mis invitados ya están bastante relajados— dice él con voz divertida

Dejo de masturbarles y oigo un quejido lastimero que sale de ambos al tener que regresar a este mundo. Me pongo de pie esperando órdenes.

— ¿Queréis probar su coño? Es delicioso.

No puedo disimular mi cara de sorpresa y la verdad no tengo claro lo que quiere que haga. Ante mi expresión decide intervenir.

—Ana, agáchate para que nuestros invitados puedan saborear tu coño. Probadlo, veréis que dulce está.

Me doblo sobre mí misma para dejar a su disposición mi entrepierna. Javi pasa los dedos suavemente y después se los lleva a la boca. Adrián prefiere utilizar su boca. Me lame y chupa suavemente al principio pero se ve que le gusta porque me agarra de las caderas para poder llegar a todo mi coño con su boca. Así está durante un par de minutos. Observo que ambos siguen masturbándose con una mano y con la otra me agarran o me acarician.

La verdad empiezo a estar muy cachonda. Nunca imaginé que fuera capaz de organizar semejante escenario. Adrián no lo hace nada mal y está consiguiendo que me olvide de lo humillante de la situación. Sin querer se me escapa un gemido de placer al tiempo que me flaquean las piernas. Javi aparta a Adrián para seguir él. Tampoco lo hace nada mal, pero se le ve muy ansioso. Cada vez me tiemblan más las piernas, me gusta lo que me hacen. Si siguen así podría correrme en breve.

—Ya basta, solo dije “probarlo”— su voz ha sonado algo alterada.

Ambos paran y yo me incorporo. Miro a mi amo y los ojos le brillan de una forma especial. Lleva los pantalones desabrochados y sostiene en una mano su enorme pene.

—Ana retira las cosas de la mesa.

Retiro el plato de patatas fritas y las cervezas. Y me coloco a su lado. Se levanta y me indica que me ponga a cuatro patas sobre la mesa. Obedezco sin dudarlo dejando mi culo en pompa listo para lo que venga. No sé si me ofrecerá a sus amigos o me va a follar él. Espero que lo haga él.

—He sido un anfitrión muy generoso, pero mi generosidad tiene sus límites.

Y conforme termina de decir eso, me mete su pene hasta el fondo y empieza a follarme a lo bestia. Los otros dos comienzan a masturbarse mirándonos. Yo gimo loca de placer porque por fin me está follando él. Me agarra fuertemente de las caderas como si pudiera escaparme o alguien pudiera intentar robarme. Y me folla, me folla con su enorme y duro pene, y como no lo había hecho antes. Está muy excitado, aunque no tanto como los otros dos que presumo que se correrán en cuestión de segundos.

Y no me equivoqué. Primero Adrián y después Javi. Mi “Amo” sigue follándome, para eso es el que más control tiene de todos. Y yo gimo como una perra. Me da miedo que se corra antes que yo así que me toco con una mano. Estoy tan cachonda que enseguida empiezo a sentir como me llega. Y por fin, esa explosión en mi interior que me hace gritar y gemir como una posesa. Él acelera el ritmo y noto como su leche sale a presión dentro de mí. Sus últimos espasmos se producen con él ya tumbado sobre mí. No puedo evitar que me salga una risita nerviosa. A la que él me acompaña. Me da un beso en la mejilla.

—Señorita Ana, puede retirarse— dice de nuevo con su voz autoritaria— Mis invitados y yo hemos quedado muy satisfechos con sus servicios.

Me levanto de la mesa, me estiro el delantalito, asiento con la cabeza y me dispongo a darme una merecida ducha en su habitación. ¡Espero sacar algún beneficio de los 200 euros!

Desde luego cuando decidí probar este tipo de roles ni me imaginaba que podría excitarme tanto. Espero ansiosa la próxima aventura.

¿Te gustó? ¡Genial! Pues comparte con tus amigas o déjame un comentario para que conozca tu experiencia.

 

 

Un beso,

 

Christine Erotic
Escritora de fantasías eróticas

 

Christine Erotic

Un día busqué un relato erótico y no encontré nada de mi gusto. Me enfadé tanto que empecé a escribir. El camino ha sido largo y lleno de piedras pero no dejaré de trabajar en un portal de erotismo que ayude a las personas a encontrar una sexualidad sana y a disponer de multitud de herramientas para erotizar sus vidas. Creo que vale la pena el esfuerzo.