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Operación encubierta, relatos prohibidos de Ramírez

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Operación encubierta, relatos prohibidos de Ramírez

Relatos prohibidos de la agente Ramírez

Operación encubierta

Relatos prohibidos que nos confiesa nuestra querida agente Ramírez y que podrían costarle la vida. Si lees este relato estarás en peligro, no se lo cuentes a nadie.

 

Nada había salido como estaba planeado. El intercambio se iba a producir antes de lo previsto y el cuerpo de asalto no estaba preparado. La agente Ramírez podría haber entrado en pánico, haber decidido huir pero llevaba seis meses infiltrada y no iba a echarlo todo a perder por un contratiempo así. El “Rey”, como así le llamaban, llegaría en diez minutos y ella no tenía su dinero preparado. Su contacto en la central le había pedido una hora. Su misión consistía en conseguir esa hora, si lo conseguía acabaría con un narcotraficante que controlaba el sur del país; de lo contrario moriría. 

Ramírez respiró hondo y miró a su alrededor. Repasó mentalmente todo lo que había aprendido en el cuerpo y sólo encontró una solución: usaría su propio cuerpo. Abrió el armario buscando una prenda que resultara sexy sin revelar sus intenciones. Debía impedir que el Rey se impacientara por tener el dinero y esperara a ese contacto que ella se iba a sacar de la manga. Esas cosas no les gustaban y en cuanto sospechaban algo sacaban su arma y pegaban un tiro, dejando las preguntas para después. Por suerte para ella el Rey tenía fama de conquistador y ella fama de rompecorazones. 

Una camisa blanca de hombre colgaba de la última percha. Ramírez no lo dudó. El borde de la camisa caía justo en la línea inferior de su culo. Un cinturón ancho le dio el toque femenino que necesitaba remarcando sus pechos y levantándolos. Los botones desabrochados le darían el broche perfecto al conjunto. Tacones de vértigo y unas cepilladas a su morena cabellera bastaron para quedar perfecta. 

El timbre de la casa sonó y uno de sus guardaespaldas fue a abrir. Ella sacó una botella de champagne de la nevera y un par de copas. Fue directa al salón y se colocó a trasluz de la ventana, donde sabía que su silueta quedaría revelada. Preparó la mejor de sus sonrisas y se dispuso a conocer al Rey. 

Los pasos se acercaban y ella dedujo que eran tres hombres, uno de ellos sería Blasco, el guardaespaldas. La puerta se abrió y Blasco invitó a pasar a sus acompañantes. Un hombre moreno y muy bien vestido pasó delante de otro hombre de más de dos metros de altura. Ramírez lo reconoció enseguida por la ficha policial, era Sergei o “el gigante ruso” como le llamaban sus amigos. Era capaz de arrancarte los brazos sin inmutarse. Como no había cabida para el miedo Ramírez centró su mirada en el Rey quien en apenas segundos ya la había devorado de arriba abajo. 

─Carmen─ dijo el Rey besándole la mano─ es un placer conocerla. 

─El placer es todo mío─ dijo Ramírez mordiéndose sutilmente el labio─ no todos los días se conoce a un hombre como usted. 

Ramírez le invitó a sentarse mientras Sergei y Blasco ocupaban cada uno un extremo de la habitación. El Rey se sentó en el sofá y ella se acercó a la mesa para coger las copas y el champagne dándole la espalda para que este pudiera devorarla con la mirada. 

─Le confieso Carmen que no me ha gustado oír que no tenía el dinero─ dijo el Rey en un tono que demostraba que intentaba adivinar si podía fiarse o no de ella. 

─A mí tampoco me ha gustado que adelantara un día el intercambio. He tenido que cancelar mi masaje tailandés─ la voz de Carmen encerraba infinitos matices que la hacían parecer misteriosa y que, ante los ojos de alguien como el Rey, invitaba a ser conquistada. 

─Como siento que haya tenido que cancelarlo, seguro que una mujer como usted necesita relajarse para no sucumbir al estrés de esta vida─ su voz mostraba cierta impaciencia que Ramírez no supo a qué atribuir. 

─Sólo espero que merezca la pena y que su mercancía sea tan buena como dicen ¿le importa si la abro? Yo solo bebo champagne─ de pie frente a él y apoyando la botella sobre la cadera Ramírez estaba imponente. 

Abrió la botella de champagne y se inclinó sobre las copas para llenarlas, dejando al descubierto unas vistas de lo más atractivas: un precioso sujetador de encaje negro que apenas cubría su voluptuoso pecho. Ramírez alcanzó a escuchar a el Rey tragar saliva. Era la confirmación de que estaba jugando bien sus cartas. Se sentó en el sillón que quedaba frente al sofá y levantó la copa para brindar. 

─Por los negocios─ dijo ella. 

─Por la auténtica belleza─ dijo él. 

Ella se echó para atrás en el sillón y con un sutil juego de piernas hizo lo que todos conocemos como un “Sharon Stone” mostrando el encaje de su tanga a quien se estaba convirtiendo en su fan número uno. Él devoró cada milímetro de encaje. Satisfecha y dispuesta a arriesgarlo todo para conseguir el éxito de su misión miró con descaro el reloj, se mordió el labio y dijo: 

─Hay tiempo de sobra ¿verdad? ─ y se mordió la punta del dedo índice mientras miraba fijamente al Rey esté sonrió y se frotó las manos, y ella se arriesgó─ ¡Fuera! ¡Los dos! ─les dijo a Sergei y a Blasco─ dejadnos solos. 

Sergei miró al Rey y éste le hizo un gesto con la mano. Blasco y Sergei salieron de la habitación. Ramírez iba por buen camino, solo debía conseguir treinta minutos más. Se levantó del sillón y se puso frente a la ventana para jugar con el trasluz. Se quitó el cinturón y se desabrochó la camisa tirándola al suelo. Ahí estaba ella con su piel morena y sus generosas curvas mostrándose en ropa interior a uno de los chicos más malos del momento. Y él, el narco número uno, bajando la guardia por su entrepierna. Ramírez se giró, apoyó las manos contra el cristal y abrió las piernas. Sus largas piernas empezaban en unos tacones de unos diez centímetros y terminaban en un trasero redondo y duro. 

El Rey se levantó y se acercó a ella. Su mirada encerraba todas las cosas que le gustaría hacerle. Se agachó y comenzó a lamer sus piernas por el lado interno de estas. Ramírez tuvo que abrirlas más para que él cupiera bien. El besaba y lamía sus muslos mientras ella le clavaba su mirada desafiante. Cuando llegó al encaje clavó su nariz para absorber todo su olor. 

Satisfecho, apartó con un dedo el tanga y deslizó su lengua sobre su clítoris con tal suavidad que a Ramírez le recorrió un escalofrío. Ahí tenía ella a un chico malo entre sus piernas cuando llevaba más de seis meses sin tener sexo con nadie por los requisitos de la dichosa misión. Su cuerpo habló y contra su voluntad comenzó a lubricar, a mojarse, preparándose para lo que vendría. Él complacido devoraba todos sus jugos. Impaciente agarró el tanga de los lados y se lo bajó hasta los pies quitándoselo con rabia. Agarró sus muslos y los puso sobre sus hombros para así tener el acceso completo a su entrepierna. Ella se agarró a la ventana para no perder el equilibrio y caer. Él lamió, mordió y hasta introdujo su lengua todo lo que pudo. 

Ramírez tuvo que bajar la guardia y los gemidos se escapaban de su boca sin que pudiera hacer nada al respecto. Se notaba que era el plato preferido del Rey porque se le daba muy bien. Conservar el control cuando solo quieres perderlo es quizá lo más difícil que te puede pasar además, justo cuando más lo necesitas, los minutos se hacen horas y el momento esperado tarda mucho en llegar. 

Así se encuentra Ramírez : luchando por no cerrar los ojos y perder de vista a este tipo tan malo que puede guardar un arma en cualquier sitio y al mismo tiempo recibiendo los placeres del mejor cunnilingus que le han hecho en la vida. Sus manos en el cristal, su vista clavada en él y su piel analizando el lugar exacto de sus manos para hacer saltar la alarma si detecta algo raro. Pero el control desaparece conforme va subiendo ese escalofrío por la espalda que termina siendo un gran orgasmo acompañado de gemidos y gritos de “No pares”. 

Al recobrar el conocimiento la sonrisa se apodera del rostro de Ramírez. De pronto el Rey la coge de los muslos y la aparta, se levanta y se pone detrás de ella mientras se desabrocha el pantalón. Ramírez pierde el ángulo de visión y no puede permitirse quedar expuesta de esa forma. No hay espejos ni cristal que refleje bien la escena por lo se gira fingiendo jugar, como haría una gatita en celo. Le agarra de la correa del pantalón y lo conduce al sofá. El Rey aunque sorprendido en un principio se muestra encantado de verla tan decidida. Le empuja contra el sofá, se quita el sujetador y se coloca encima de él. 

Sus ojos se abrieron como platos al ver a las gemelas escapar del sujetador. Se lanza a atraparlas con su lengua. Ella ríe como haría una gatita satisfecha, lo tiene donde quiere. Él intenta decidir si prefiere agarrar las tetas o el culo, todo le gusta y solo tiene dos manos. Con la camisa desabrochada Ramírez comprueba que no lleva armas pero aun así podría llevar alguna en el tobillo por lo que es imprescindible quitarle los pantalones. Ramírez dirige sus manos a la cremallera que casi va a explotar y la baja con cuidado. Él se ha parado por completo intentando adivinar cuál será su próxima jugada. Ella baja los pantalones y él le ayuda levantando el culo del sofá. Ramírez palpa las piernas y los tobillos, no hay nada. El muy idiota no va armado. Bajo la sonrisa de gatita se encuentra una agente llena de dudas. 

¿El narco más poderoso del momento es tan imprudente como para quedarse solo sin ni siquiera una sola arma? ¿Y cae seducido por una desconocida? Nada cuadra. Las alarmas de Ramírez se disparan y su instinto le grita que es una trampa. Solo dos segundos para decidir una salida. Su teléfono suena. 

─Tengo que cogerlo─ dice mientras se levanta ─Dime. 

─Listos en cinco minutos. Nos informan de una marca de nacimiento en la ingle derecha. Confirme─ dijo la conocida voz de su supervisor. 

Ramírez miró al hombre tirado en su sofá y recorrió sus partes con una fingida mirada calenturienta. No era él. Toda la misión estaba en peligro. 

─No, es imposible. No pienso aceptar ese trato. Díselo y que mejore la oferta─ dijo Ramírez en el tono más firme que pudo, al fin y al cabo debía conservar su tapadera de mujer de negocios. 

─Entendido. Maletín en camino. Informe en cuanto pueda. Cambio─ dijo su supervisor. 

Ramírez colgó el teléfono y volvió al sofá, miró el reloj que marcaba solo cinco minutos para la hora. 

─Faltan solo cinco minutos y la llamada me ha cortado el rollo, seguiremos en otro momento─ dijo con voz implacable. 

─¿Me vas a dejar así? ─ dijo el supuesto “Rey” ─ A mí no puedes dejarme así. 

─A ti sí, solo eres un mandado. Eso sí, un mandado que como coños como nadie─ Ramírez se mostraba desafiante ante él, se sentía estafada─ Pero era lo mínimo que podías hacer por haberme hecho cancelar mi masaje. A estas horas estoy muy tensa y necesito relajarme. 

─Pero ¡yo soy el Rey! ─ dijo él enfadado por quedarse a medias. 

─No querido, tú no. Y ahora vamos a hacer negocios─ su voz dejaba bien claro que el tema terminaba ahí por lo que él se levantó y se vistió mascullando entre dientes, sintiéndose derrotado. 

Vestidos ya como si nada hubiera pasado, Ramírez se llenaba la copa de champagne cuando alguien llamó a la puerta. Era Blasco, el maletín había llegado. 

Expuestos sobre la mesa quedó el dinero y la droga. La droga era buena, el dinero de verdad. El trato cerrado y ambas partes satisfechas. El mandado del “Rey” herido en su ego pero consciente que otra queja por su parte podría costarle el pellejo, cogió el maletín del dinero dispuesto a marcharse. 

─Estaremos en contacto─ dijo él sin querer mirarla a la cara. 

─Dale las gracias al Rey por tu trabajito pero si vuelve a enviarme a un mandado se lo devuelvo en un paquetito. No hago negocios con segundones, que no olvide quién soy. 

Y diciendo esto se dio la vuelta y le hizo un gesto de despedida con la copa de champagne intentando no volver a mirarle a la cara aunque por el rabillo del ojo alcanzó a ver una sonrisa burlona en la cara de Sergei. Seis meses de operación que supuestamente culminaban hoy y quizá lo había echado todo a perder por ganar más tiempo. Quién sabe si ahora el Rey querría quedar en persona con ella sabiendo lo que había pasado hoy. Ahora solo quedaba esperar su próximo movimiento. 

Pobre Ramírez siempre dispuesta a darlo todo por la causa y le envían a un segundón ¿conseguirá pillar al Rey? 

 

Como siempre te digo… ¡comparte! si te gustó y ¡opina! si tienes algo que decir ¡que se note que estás ahí! 

 

Un besazo 

 

Christine Erotic

Fan de James Bond y de relatos prohibidos

 

Christine Erotic

Un día busqué un relato erótico y no encontré nada de mi gusto. Me enfadé tanto que empecé a escribir. El camino ha sido largo y lleno de piedras pero no dejaré de trabajar en un portal de erotismo que ayude a las personas a encontrar una sexualidad sana y a disponer de multitud de herramientas para erotizar sus vidas. Creo que vale la pena el esfuerzo.