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Sola en mi habitación, relato privado

relatos privados inspirados en realidad

Sola en mi habitación, relato privado

Sola en mi habitación

Relatos privados (o no)

Relatos privados porque están inspirados en hechos reales ¿cómo? ¿Los demás no lo estaban? Bueno… para ser sincera no pienso decir nada de todo lo escrito hasta ahora. Pero estaba aquí sentada preguntándome sobre qué escribir cuando mi mirada se ha ido hacia el patio y, con ella perdida entre el verde de las plantas, me he acordado de esos vecinos tan “activos” que tuve hace unos años.

Es curioso cómo estas cosas pasan cuando no tienes pareja. Es como si el universo se riera en tu cara. En verano todos abrimos las ventanas buscando un poco de brisa nocturna. Inocentemente pensamos que nadie oye lo que sucede entre nuestras paredes (de papel en mi caso). Hace unos años yo descubrí que se oye todo en el patio interior, gracias a eso ahora veo la tv con la ventana cerrada.

Soy una persona bastante nocturna en verano. Me gusta asomarme al balcón cuando ya nadie pasa y la gente se siente segura para hablar y hacer “otras” cosas. Otro día hablaremos de eso, hoy le dedico este post a mi vecino de arriba quien, para mi desgracia, me abrió un día todo mojadito con una toalla a la cintura. Yo que pretendía echarle la bronca por la gotera que me había hecho en el baño y por no responder a mis mensajes voy y me encuentro a ese moreno de ojos azules empapadito.

Hasta ese momento él solo unos pasos que oía encima de mí y una gotera en el baño principal. Sin cara ni nada, solo el vecino de arriba. Él prometió llamar al seguro esa misma tarde y yo volví a mi casa. Todo se arregló y no volvió a molestarme hasta que encontró novia o “amiguita” o lo que ella fuera para él. Por primera vez el ruido de tacones recorría mi casa de arriba a abajo. No hay ni que decir lo molesto que ello resulta.

Una noche de esas calurosas en la que es imposible dormir por la calor que hacía me encontraba repasando uno a uno mis problemas y recordando lo enorme que es mi cama para uno solo cuando la parejita de arriba llegó. Al principio me molestó que “doña tacones” se paseara por todo el dormitorio a las dos de la mañana sin dignarse a quitarse los zapatos.

Pronto la cosa cambió. Una risa escandalosa inundó el patio interior seguida de unos pasos corriendo por el piso. Era una especie de “pilla-pilla” donde el macho (mi vecino) perseguía a la hembra (doña tacones). Él amenazaba con cogerla y ella reía a carcajadas como provocando. De pronto, silencio total. No duró mucho, quizá menos de cinco minutos y entonces el silencio se vio roto por unos escandalosos gemidos de la hembra y con un pisar de chancla mojada (dícese del ruido que debe de oírse en un penetración bien lubricada).

Yo tirada en medio de mi enorme cama con la mirada clavada en el techo intentaba desarrollar mi inexistente poder de rayos X para no perderme nada del número de arriba. La acústica era tan jodidamente buena que parecía que yo era una voyeur en su dormitorio. Ella gemía como pocas hacemos (hasta me ganaba) y él tampoco se quedaba atrás porque a su rítmico pisar de chanclas le acompañaban los gemidos más sexys que he oído.

Cuando estás en esta situación no te atreves ni a moverte. Quizás temía hacer ruido aunque era imposible que oyeran otra cosa que lo que llevaban entre manos. Su ventana debía estar abierta completamente ¿serían exhibicionistas? Borrachos os aseguro que estaban porque se les trababan las palabras pero él aguantaba como un campeón y ella se lo pasaba mejor que nadie en todo el edificio. Cuando la cosa llegó a su fin me sorprendió el tremendo gemido que escapó de la garganta de él. A día de hoy todavía no oí a ningún hombre terminar así.

Podríais cometer el error de pensar que fue cosa de la borrachera. Yo pensé eso hasta la noche siguiente. Y la otra. Fijaos que en mi muy sucia mente pensé en cobrar entrada en el patio para oír el recital de gemidos y chanclas que tenía lugar cada madrugada.

Siempre era el mismo ritual: risas, carreras, silencio, chanclas y gemidos. Me daban una envidia que me moría. Con lo mal que llevo yo los periodos de sequía y me veía obligada a escuchar cada noche en directo y con una acústica perfecta el ritual de apareamiento de estos dos seres en celo.

¿Duró mucho? No. Por lo poco que entendía de las discusiones a gritos a las tres o cuatro de la mañana ella era camarera y, según, él tonteaba con todos. Un día dejé de oír risas, carreras y demás acompañamientos. Solo quedaron los tacones.

No son de esos vecinos que te saludan y con los que comentas el tiempo que hace. No vienen a las reuniones y rara vez te los cruzas. Hasta tal punto es así que no puedo decir si ella es la misma o es otra. Los tacones se oyen por toda la casa sea la hora que sea. Y desde luego, trabaja en la noche pero si tiene sexo, es en el más riguroso silencio.

Me parece tristísimo pensar que sea la misma chica y que ahora su sexo sea tan distinto, porque os aseguro que se lo pasaban mejor que nadie. También me parece súper triste que sea otra chica y que desconozca el sexo tan alucinante que ha habido en esa cama porque, al fin y al cabo, la chica puede ser distinta pero los orgasmos de él ya no se oyen. ¿Puede un hombre disfrutar igual si sus orgasmos ya no son iguales?

Sé que no es asunto mío pero me da pena que sobre mi casa ya no haya una orgía cada noche. Me encantaría despertarme por los ruidos y coger a mi chico y ponernos a imitarles a ver quién hace más ruido. Sería como una competición pero quién sabe, son jóvenes y aún puedo tener suerte.

Eso sí si vuelve a pasar ¡os prometo que salgo al patio a aplaudirles! Y también que voy a hacer muchas cenas en casa…

Si te he arrancado una sonrisa habré conseguido mi objetivo de hoy.

Un besazo

 

Christine Erotic

Escritora de relatos privados de mis vecinos

 

 

Photo credit: _Sredni_Vashtar_ via Visual hunt / CC BY

 

 

Christine Erotic

Un día busqué un relato erótico y no encontré nada de mi gusto. Me enfadé tanto que empecé a escribir. El camino ha sido largo y lleno de piedras pero no dejaré de trabajar en un portal de erotismo que ayude a las personas a encontrar una sexualidad sana y a disponer de multitud de herramientas para erotizar sus vidas. Creo que vale la pena el esfuerzo.